Hace ya tiempo que no hablo con el Tío Rajola, se quedó por ahí, por sus fueros, se quedó cuando todavía tenia esperanzas, aunque según me ha dicho, el nunca la pierde, la esperanza. Ayer lo vi, nos saludamos, como hacemos siempre, con un abrazo, juntamos nuestras caras y nos dimos unas palmadas en la espalda, me invitó a sentarme con él, que ahora con el fresco, saca dos sillas a la puerta de la calle, para refrescar la calina que soportamos durante las horas de sol.
Le vi con la mirada un poco perdida, aunque más bien la tenia fijada en algún lugar, en un tiempo, y no del pasado, sino cercano y por venir. Y sus sabias arrugas reflejaban una belleza madura, y su respiración tranquila y sosegada, esperaba con confianza ese porvenir por el que me preguntó.
¿Y qué le voy a decir Tío Rajola? yo que estoy montado en este tren al que nos hacen subir, que no tiene más que una sola parada, al final, en la que no te dejan ver ni a los lados... ni lo que dejas detrás. Tío Rajola, así no se puede aprender, así no se puede enseñar.
"Se aprende si uno quiere, y tu forma de caminar puede enseñar, lo que nunca debes hacer es olvidar, si olvidas, lo pierdes todo, vuelves a empezar, vuelves a repetir, y otra vez lo mismo, por eso no quieren dejarte ver ni a los lados ni tu propio camino". Después me dio a beber vino de su bota, y me quedó ese sabor dulzón, fuerte y siempre caluroso de sus cultas palabras.
(El dibujo es un homenaje a José Saramago).
Le vi con la mirada un poco perdida, aunque más bien la tenia fijada en algún lugar, en un tiempo, y no del pasado, sino cercano y por venir. Y sus sabias arrugas reflejaban una belleza madura, y su respiración tranquila y sosegada, esperaba con confianza ese porvenir por el que me preguntó.
¿Y qué le voy a decir Tío Rajola? yo que estoy montado en este tren al que nos hacen subir, que no tiene más que una sola parada, al final, en la que no te dejan ver ni a los lados... ni lo que dejas detrás. Tío Rajola, así no se puede aprender, así no se puede enseñar.
"Se aprende si uno quiere, y tu forma de caminar puede enseñar, lo que nunca debes hacer es olvidar, si olvidas, lo pierdes todo, vuelves a empezar, vuelves a repetir, y otra vez lo mismo, por eso no quieren dejarte ver ni a los lados ni tu propio camino". Después me dio a beber vino de su bota, y me quedó ese sabor dulzón, fuerte y siempre caluroso de sus cultas palabras.
(El dibujo es un homenaje a José Saramago).

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