sábado, 19 de abril de 2014

Tamborada.



Tengo mi residencia habitual en un lugar donde todos los años se celebra la primavera, la semana santa con ruido, mejor dicho, con sonidos, estridentes, provocados por los golpes de los palillos y los mazos en los tambores y los bombos. Todo junto se convierte en un concierto de música de percusión que cuando más la oyes, mas afinas el oído, aunque te quedes sordo, sigues escuchando las vibraciones que te llegan a través del suelo, del aire, del roce con tus amigos o conocidos, del contacto con el ambiente que se respira.
Solo se reconocen cuatro toques (más o menos), i al final uno se hace crítico y sentencia quien consigue la mejor cadencia y el mejor resultado.
La tamborada es la suma de todas las individualidades que nos juntamos a tocar nuestros tambores, a romper las pieles y sustituirlas por otras, para seguir, para cansarnos, para compartir algo tan simple como un ritmo, para enfrentarnos en duelos cara a cara, tambor con tambor, arrodillarnos y al final, un trago de vino de la bota de nuestro compañero.
A veces tengo la sensación de estar jugando a ser un poco niño, a darle con todas mis fuerzas al tambor sin importarme si estoy en la calle o en un bar de encuentro, nos sentimos todos un poco niños, al saber que ningún mayor nos va a llamar la atención, al sentirnos cómplices de que ahora lo podemos hacer, mañana habremos crecido y simplemente nos quedará la ilusión de que vuelva el año que viene...
Después de practicar estos ritmos tribales, casi rituales, en algún momento, puedes llegar a sentir el éxtasis, cuando nos metemos a mogollón en las callejuelas donde por arte de "magia" se amplifican los sentidos, ecos, vibraciones, al fin y al cabo, emociones, emociones que te liberan, en un instante, de todo, y la sensación que te queda es de... agotamiento, sordera, satisfacción, entumecimiento y ... una sonrisa permanente en la cara, que te da más fuerza para seguir.
Siempre escuchas a gente que le da vida a su tambor, con una rapidez de movimiento de los palillos, con un toque especial, que no todos somos capaces de encontrar al nuestro, también ellos te hacen vibrar.
Hay que vivirlo.

 

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