viernes, 19 de diciembre de 2008

...me ponga un kilo y cuarta de perfume,


Cada día me repugna más la publicidad, la publicidad engañosa, que ya no tiene en cuenta nada, solo las reacciones de la gente, para predisponerlas a "comprar".

Si eso de comprar está bien, todos tenemos que comprar, para adquirir lo que "necesitamos", pero llega un punto en el cual deberíamos plantearnos, que no todo vale para vender. Los publicistas (previo pago de sus mecenas) dejan a parte la verdad desnuda del producto. No importa el producto, y a veces, ni siquiera el envase, y si se trata de perfumes, tampoco importa a que "huele". No se describe ni propiedades, ni formas ni sentidos; no importa para el publicista-mecenas-patrón, lo que importa es ver una imagen en la que nos sintamos héroes, princesas, únicos, incluso despreciando a los demás.

A veces, la Administración intenta que nos solidaricemos con una idea (el agujero de ozono, el gasto de luz, de agua, el reciclaje...), pero todas las administraciones son incapaces de poner freno a la cantidad de mentiras, de mensajes subliminales y hasta sin ser subliminales, simplemente directos de promesas de vida con "poder", "éxito" y "confianza".

Eso sí, si a alguien se le ocurriera montar una serie de publicidades donde se "educara" en valores como el mestizaje, el compañerismo, el altruismo, la cultura... entonces vendrían los "publicistas-mecenas" acusando de dirigir al personal, de manipularlo, de crear sentimientos "politicamente intervenidos".

Es triste, se nos acusaria precisamente de lo que estan haciendo ellos (pobrecitos) solamente por dinero.

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