Hoy se celebra el día de Sant Josep en Valencia. Estoy rodeado de fallas, falleras, falleros, músicos, flores y petardos.
También estoy confinado entre las noticias que nos llegan desde todos los medios de comunicación: un avión desaparecido en Malasia, emigrantes que sufren los ataques de la guardia civil, territorios que se anexionan a otros territorios, hipocresías de los gobernantes europeos y de los Estados Unidos de América con respecto al orden mundial... puestos a elegir, casi que me quedo con el "pan y circo", porque la realidad que me cuentan, no me gusta.
Salgo a la calle y escucho ruido, en otro ambiente, en otro lugar, puede que llegara a tener miedo; aquí no. Donde en otro lugar el olor a pólvora va acompañado de sangre, de muerte y de injusticia y de venganza, aquí es señal de vida, de fiesta, de unión de color, no se le puede llamar simplemente ruido, es música, es la cadencia del tiempo a golpes sonoros, es el compás de una partitura acompañado de los instrumentos musicales de las charangas y bandas que acompañan los cortejos de las fallas. En otras partes no entienden que nos pueda gustar tanto la pólvora, los masclets y las mascletás, la música y el arte, y para colmo, esta misma noche "lo quemamos todo" literalmente, no se queda ni una sola falla por arder, todo se convierte en ceniza, y mañana: volver a empezar, volver a nacer, volver a vivir.
El tio Rajola, mi amigo, mi maestro, mi vecino, mi tertuliano, me mira de reojo, sorprendido, me pregunta: ¿Y todo lo demás? ¿lo quemamos?
Lo quemamos, tio Rajola, quemémoslo entre todos y volvamos a nacer otra vez, volvamos a vivir otra vez, un año más.
